Del tablón a la guitarra: maderas, abanico y ajuste
Zapobraze reúne apuntes de taller sobre cómo se construye y se pone a punto una guitarra de caja: qué maderas se eligen para la tapa, los aros y el mástil, cómo se secan y se estabilizan las piezas, qué hace realmente el varetaje, cómo se doblan los aros en la plancha caliente y qué márgenes de ajuste tiene el instrumento una vez montado.
Materiales
Maderas para la tapa, los aros, el fondo y el mástil
Cada parte de la guitarra pide una madera distinta porque cada parte trabaja de manera distinta. La tapa vibra y por eso se busca en ella rigidez longitudinal con poco peso. Los aros y el fondo reflejan y colorean, así que admiten maderas más densas. El mástil tiene que sostener entre 40 y 70 kilos de tensión sin moverse, de modo que ahí manda la estabilidad dimensional por encima de cualquier otra consideración.
En los talleres de la Península es habitual combinar madera importada con especies de aquí. El ciprés mediterráneo, ligado históricamente a la guitarra flamenca, sigue usándose por su ligereza y su respuesta seca y rápida; el nogal y el arce europeos aparecen cada vez más en fondos y aros a medida que las maderas tropicales se encarecen y se complican legalmente.
Tapa armónica
Abeto (picea) y cedro rojo son las dos referencias. El abeto tiene un módulo de elasticidad alto respecto a su densidad, tarda más en asentarse y suele dar un ataque más definido; el cedro es algo más blando, suena hecho desde el primer día y responde bien con poca fuerza en la mano derecha. Lo que de verdad importa no es la especie sino la pieza concreta: veta recta y regular, corte radial, anillos razonablemente parejos y un peso coherente con su rigidez.
Aros y fondo
Palosanto, arce, nogal, caoba, ciprés. El palosanto aporta densidad y una cola de sonido larga; el arce es más transparente y deja oír mejor la tapa; la caoba se sitúa en un término medio cálido. Conviene recordar que varias especies de Dalbergia están reguladas por CITES, así que la trazabilidad de la madera es hoy parte del trabajo y no un trámite menor.
Mástil
Cedro español (Cedrela odorata), caoba o arce, según tradición y disponibilidad. Se elige por estabilidad, no por sonido: la pieza debe estar perfectamente seca, con la veta orientada para resistir la tracción de las cuerdas y, si el diseño lo pide, con injertos o laminados que reduzcan el riesgo de alabeo. El diapasón suele ser ébano o palosanto por dureza superficial y desgaste lento.
- Corte radial siempre que sea posible: se mueve menos con los cambios de humedad.
- Veta recta, sin nudos, sin fibras cortadas en las zonas de trabajo mecánico.
- En tapas, las dos mitades del libro abierto deben tener peso y rigidez similares.
- Rechazar piezas con grietas de secado, aunque parezcan superficiales.
- Guardar registro de la procedencia de la madera y de la fecha de entrada al taller.
Taller
Secado y estabilización de las piezas
Una guitarra bien construida con madera mal secada se estropea sola. El objetivo no es una madera «seca» en abstracto, sino una madera en equilibrio con la humedad relativa del lugar donde se va a montar y, en lo posible, donde se va a tocar. En la mayoría de los talleres se trabaja en torno al 45–55 % de humedad relativa y entre 20 y 24 °C, con un higrómetro fiable a la vista.
El secado al aire de tablas en rastrel sigue siendo el sistema de referencia: lento, barato y poco agresivo. El secado en cámara acorta plazos, pero exige control. Tras el aserrado o el resacado, las piezas necesitan un periodo de reposo para liberar tensiones internas; ese reposo es lo que evita que una tapa perfectamente cepillada se convierta en una tapa combada dos semanas después.
Conviene distinguir entre secar y estabilizar. Secar es bajar el contenido de humedad; estabilizar es dejar que la pieza deje de moverse a ese contenido de humedad. La segunda parte no se puede acelerar mucho sin pagar un precio.
- Apilar con listones separadores del mismo grosor y a distancias regulares.
- Peso constante en dos pesadas separadas por varios días: señal práctica de equilibrio.
- Resacar en dos pasadas, con reposo intermedio, antes de llegar al grosor final.
- No trabajar madera recién traída de un almacén con clima distinto.
- Cerrar la caja solo cuando el ambiente del taller esté dentro del rango habitual.
Tapa
El varetaje y su influencia en el sonido
La tapa sola no aguantaría la tensión de las cuerdas ni repartiría bien el movimiento. El varetaje interior cumple las dos funciones a la vez: sostiene y organiza la vibración. En la guitarra española el patrón clásico es el abanico, con cinco, siete o más varetas que se abren desde debajo de la boca hacia la parte inferior de la tapa; en la guitarra de cuerdas metálicas domina el varetaje en X, más resistente frente a una tensión bastante mayor.
El grosor de la tapa y la altura de las varetas trabajan juntos. Una tapa fina con varetas altas puede ser rígida y ligera al mismo tiempo; una tapa gruesa con varetas bajas pesa más y responde peor a la intensidad baja. Rebajar demasiado es el error habitual: el instrumento gana volumen inmediato y pierde definición y, con el tiempo, puede deformarse alrededor del puente.
El repaso final de las varetas, rebajando sus extremos y ajustando el perfil, es donde el constructor afina el carácter del instrumento. Muchos talleres controlan ese paso golpeando la tapa y escuchando el tono de golpe, o comprobando la flexión con la mano en puntos fijos. Son métodos comparativos: sirven porque el constructor tiene memoria de sus propias tapas anteriores, no porque den un número absoluto.
- Varetas de la misma tabla que la tapa siempre que sea posible, con veta perpendicular.
- Encolado con la tapa ligeramente curvada para dar bóveda a la zona del puente.
- Barra de armónico y refuerzos de boca dimensionados antes de tocar el abanico.
- Rebajes progresivos y comprobaciones frecuentes: la madera quitada no vuelve.
- Anotar grosores y alturas de cada instrumento para poder comparar resultados.
Caja
Doblado de aros en la plancha caliente
Doblar un aro consiste en ablandar momentáneamente la lignina con calor y humedad, forzar la curva y dejar que la madera se enfríe en su nueva forma. La plancha o hierro de doblar se mantiene en torno a 150–180 °C; por encima se quema la superficie y por debajo la madera se resiste y se rompe. El aro, de entre 1,8 y 2,2 mm, se humedece ligeramente y se va llevando a la plancha por tramos, presionando poco y moviéndolo constantemente.
La curva de la cintura es la crítica: radio corto y riesgo alto de fractura, sobre todo en palosantos con veta irregular. Muchos talleres trabajan con una chapa metálica fina o una manta térmica entre la madera y el hierro para repartir el calor y sujetar las fibras exteriores.
- Preparar plantilla y molde de la caja; marcar la posición de la cintura en el aro.
- Calibrar el aro a grosor uniforme y comprobar que no queden fibras levantadas.
- Humedecer superficialmente; no empapar la pieza.
- Doblar por tramos, empezando por la curva superior y dejando la cintura para el final.
- Comprobar contra el molde con frecuencia, en caliente y sin forzar.
- Fijar el aro en el molde y dejar enfriar y secar varias horas antes de manipularlo.
- Encolar contraaros y tacos de fondo y culata con el aro ya asentado.
Si un aro se abre en la cintura, suele ser más rápido y más honesto preparar otro que intentar recuperarlo: una grieta encolada en esa zona queda visible y trabaja mal con los cambios de humedad.
Ensamblaje
Montaje del mástil y del diapasón
La unión del mástil condiciona la geometría de todo el instrumento. En construcción española tradicional el mástil se hace solidario de la caja mediante zapata, con los aros encajados en ranuras del propio bloque; en la escuela anglosajona predominan la cola de milano y, sobre todo, la unión atornillada, que permite corregir el ángulo años después sin desmontar la guitarra.
Lo que hay que conseguir, sea cual sea el sistema, son tres cosas: el plano del diapasón debe caer donde corresponde sobre el puente, el eje del mástil debe coincidir con el eje de la tapa y la unión debe resistir la tracción permanente de las cuerdas. Un error de medio grado en el ángulo se traduce en milímetros de altura de cuerdas imposibles de corregir solo con la selleta.
El diapasón se encola sobre el mástil ya perfilado, con los trastes cortados o por cortar según el método de cada taller. La escala se marca antes de nada: cualquier desviación en la posición de las ranuras se paga en afinación a lo largo de todo el mástil. El radio del diapasón, plano en la guitarra clásica y curvo en la mayoría de las acústicas de acero, se lija con tarugo de radio y se comprueba con galgas.
- Comprobar el ángulo del mástil con una regla larga apoyada en el diapasón antes de encolar.
- Verificar el centrado con un hilo desde la cejuela hasta el puente.
- Dejar el diapasón ligeramente sobredimensionado y ajustar sus bordes al final.
- Revisar la planitud del diapasón después del encolado, no solo antes.
Trastes
Trasteado: colocación, nivelado y repaso
El traste es una pieza de alpaca con una espiga dentada que muerde la madera de la ranura. Si la ranura es demasiado ancha, el traste se afloja; si es demasiado estrecha, la madera se abomba y el diapasón cambia de curvatura al colocar la tira completa. Por eso se elige la sierra en función del traste concreto que se vaya a usar y se prueba en un recorte antes de tocar el instrumento.
Los trastes se pueden asentar a martillo o a prensa. En ambos casos se curvan ligeramente antes de colocarlos para que los extremos apoyen con firmeza. Una vez colocados, se cortan al ras, se liman los cantos a unos 30–35 grados y se comprueba que ninguno sobresalga al tacto.
El nivelado se hace con el mástil en la tensión de trabajo o con el alma ajustada para dejar el diapasón recto. Se marcan las coronas con rotulador, se pasa una lima larga plana hasta que desaparecen todas las marcas, se recorona cada traste con lima de perfil y se pule con abrasivos finos. Un trasteado bien repasado es lo que permite bajar la altura de cuerdas sin cerdeos.
- Comprobar la planitud del diapasón antes de colocar ningún traste.
- Revisar traste a traste con una regla corta apoyada en tres trastes consecutivos.
- Recoronar siempre después de nivelar: un traste plano desafina al pisar.
- Repasar las puntas después de cada cambio estacional fuerte de humedad.
- Pulir hasta que la corona brille: reduce el desgaste de las cuerdas y el ruido de deslizamiento.
Acabado
Roseta y acabado del cuerpo: goma laca y nitrocelulosa
La roseta se monta antes de cerrar la caja, sobre la tapa todavía en bruto: se vacía un canal circular, se encajan los mosaicos o los filetes y se enrasa con cepillo de pulgar y rasqueta. Es un trabajo de paciencia en el que la dificultad no está en el diseño sino en el ajuste, porque cualquier holgura queda a la vista bajo el barniz.
El acabado es la capa más fina del instrumento y, aun así, influye en cómo suena. La regla práctica es sencilla: cuanto menos material y más elástico, mejor se mueve la tapa.
Goma laca a muñequilla
Resina natural disuelta en alcohol, aplicada en capas finísimas con muñequilla. Deja una película muy ligera, repara con facilidad y envejece con un brillo suave característico. A cambio es poco resistente al alcohol, al sudor y al roce continuado, y exige muchas sesiones de trabajo.
Nitrocelulosa
Laca que seca por evaporación de disolvente, aplicada a pistola. Permite películas finas, se pule bien y admite reparaciones porque cada capa muerde la anterior. Requiere ventilación seria, protección respiratoria y tiempos de curado largos antes del pulido final: pulir antes de tiempo hunde la superficie semanas después.
- Poros de maderas abiertas tapados antes de empezar con la película.
- Enmascarar el diapasón y el interior de la caja antes de barnizar.
- Capas finas y espaciadas, mejor que pocas capas gruesas.
- Dejar curar el acabado antes de montar el puente en las zonas que se encolan.
- Controlar temperatura y humedad durante el secado: el velado aparece con ambiente húmedo.
Ajuste
Escala, altura de cuerdas y regulación del alma
La escala es la distancia teórica entre cejuela y punto de apoyo de la cuerda en el puente: 650 mm es la referencia clásica española, aunque se construyen instrumentos de 640 o 660 mm; en acústicas de acero se mueven entre 628 y 648 mm. Como la cuerda se estira al pisarla, la distancia real al puente debe ser algo mayor que la teórica. Esa compensación es lo que permite que el instrumento afine igual de bien en primera posición y en el traste doce.
La altura de cuerdas se mide en el traste doce, desde la corona hasta la parte inferior de la cuerda. En guitarra clásica son habituales 3,5–4,0 mm en la sexta y 3,0–3,5 mm en la prima; en acústica de acero, 2,2–2,6 mm y 1,8–2,0 mm respectivamente. No son cifras sagradas: dependen del ataque del intérprete, del calibre y de la curvatura del mástil.
El alma, presente en casi todas las guitarras de cuerdas metálicas y ausente en la mayoría de las clásicas tradicionales, no sirve para subir o bajar la acción: sirve para ajustar la curvatura longitudinal del mástil. Se regula con las cuerdas afinadas, en pequeños giros, dejando que la madera se asiente entre ajuste y ajuste.
- Afinar a la tensión de trabajo y comprobar la curvatura pisando primera y última posición.
- Ajustar el alma en giros de un octavo o un cuarto de vuelta, sin forzar nunca.
- Esperar unas horas y volver a medir antes de seguir corrigiendo.
- Corregir después la altura en la selleta, rebajando por la base y manteniendo el apoyo plano.
- Revisar por último la altura en la cejuela, traste a traste, en las primeras posiciones.
- Comprobar la afinación en el traste doce, al aire y pisado, y ajustar la compensación si procede.
Mantenimiento
Cuidado corriente del instrumento terminado
Una guitarra es una estructura de madera fina sometida a tensión permanente. La mayoría de los problemas que llegan al taller no vienen de un golpe sino de meses de ambiente inadecuado: tapas hundidas, trastes que asoman por los bordes, grietas que siguen la veta. En el clima peninsular el contraste es doble: veranos muy secos en el interior y ambientes húmedos en la costa.
- Mantener el instrumento entre el 45 % y el 55 % de humedad relativa siempre que se pueda.
- Guardarlo en su estuche cerrado cuando no se usa, lejos de radiadores y ventanas.
- Evitar cambios bruscos: dejar que el estuche se aclimate antes de abrirlo tras un traslado.
- Limpiar las cuerdas después de tocar con un paño seco; prolonga bastante su vida útil.
- Aflojar ligeramente las cuerdas solo en traslados largos o almacenamiento prolongado.
- Revisar el puente y la zona de la boca una vez al año buscando despegues o grietas finas.
- Ante una grieta, no encolar en casa: cerrarla mal complica mucho la reparación posterior.
Publicaciones
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- Notas sobre maderas: características, comportamiento y criterios de selección.
- Procedimientos de secado, estabilización y preparación de piezas.
- Explicaciones sobre varetaje, cierre de caja y geometría del instrumento.
- Guías de trasteado, acabado y regulación con márgenes y medidas orientativas.
- Vocabulario de taller y aclaraciones de términos que suelen confundirse.
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